martes, 25 de octubre de 2011

Soluciones

El domingo mi hijo cumplió 4 años.
Cuatro amigos - a los que estaré infinitamente agradecida: Agus, Jor y Exe - vinieron a inflar 200 globos que brevemente se convirtieron en 180, aprox. Después nos bebimos unas cervezas y bajoneamos un café con galletitas y hablamos de cosas que le gustan hablar a Exequiel, que sabe tanto atrás de la barba que no se afeita ni por puta, que me da ternura y admiración.

Recurrí a esa medida porque inflar 200 globos con ¿helio/elio? costaba 400 pesos, más o menos, y alquilar o comprar la garrafa, idem. A mí, igual, tener una garrafa de ¿helio/elio? en mi casa me da más miedo que el mar. Entonces fueron 50 pesos, 200 globos (de los cuales, de buenas a primeras, tipo 10 vinieron pinchados y 10 más propensos a pincharse durante el proceso de inflado, para nuestra risa y sorpresa, en nuestras caras), y cuando los dejamos en el piso, abarcaron toda la superficie. Genial.

Llegó mi nene al otro día, abrí la puerta, y poco notó la bicicleta del hombre araña que sobresalía de semejante fiesta de color, y dijo: "es el mejor regalo de la vida!" - en palabras del busca tesoros de Los Imaginadores, cambiando "tesoro" por "regalo" -, pero había dicho lo mismo del disfraz de batman que le había hecho mi mamá, que no se puso, porque el abuelo también le regaló un disfraz del hombre araña y estaba muy envuelto en él.

Lo que nunca pensé cuando compré los globos, los inflamos y tal, fue: una vez que ya pase la sorpresa y el domingo... ¡¿qué hago con los globos?!

Lo solucioné creando la ilusión del helio/elio: los pegué en el techo.

Cómo me gustan los globos...





1 comentario:

Dicotomínica dijo...

puse 4, porque yo tambien soy mi amigo, aparentemente.