A veces me sorprendo en sentimientos muy extraños. Tener una relación con una persona, una relación amorosa digo, es muy complicada y todas las veces es distinta, pero todas las veces es igual porque hay una variable que jamás cambia: yo. Es triste ver cómo las personas se van acostumbrando las unas a las otras, no en el sentido más hermoso de la palabra: aceptación, sino a las diferencias insuperables, los descalabros más evidentes, las peleas más constantes, las mismas malditas cosas que siempre se asimilan, las negociaciones, el ceder para que el otro, el cortar para que el otro, el dar, el dejar de dar, el recibir, el no recibir, la cuenta, el reproche, el pedido confundido en demanda, la necesidad confundida con dependencia… es aburrídisimo siquiera mencionar todas estas cosas, que todos conocemos y que somos incapaces de superar. El sexo quizás es bueno, quizás hasta sea excelente, y lo arruinamos hablando, teniendo opiniones, conociendo el pasado del otro o lo que piensa sobre cualquier cosa, cosas inútiles y totalmente olvidables dado que nos importa sinceramente un carajo, porque esa opinión no es la nuestra y podemos llegar a respetarla de la boca para afuera, pero por dentro pensamos, indefectiblemente: “pero qué pelotudo…”.
Perdemos el tiempo. Nos enredamos tontamente en situaciones innecesarias, justo hoy que estabas tan bien fuiste a lo de tu novia y te dijo que nunca pasas tiempo con sus amigos, Justo hoy que estabas flamante y luminosa viene tu novio y te dice que la amiga de él es más copada que vos porque no se fija tanto en cómo se ve. Ahí tenemos que explicar: claro, porque no le interesa estar linda para vos a tu amiga, forro. No, porque yo quiero estar con vos, no con tus amigos, por eso no te pido que estés vos con mis amigos.
Nos desencontramos. Nunca nos vimos.
Me parece, aquí parada en una relación, que lo mejor que existe es cuando recién, pero recién recién recién conocemos a esa persona que nos va a hacer la existencia más amarga. Por lo menos a mí algunas conversaciones con mi novio me descomponen de los intestinos, me dan nauseas y ganas de que me sangre la nariz para tener una excusa para dejar de hablar de lo que estamos hablando y que la energía vire completamente hacia otra cosa. Los mejores momentos ocurren cuando todavía no ocurrió nada, cuando no se animó a darte un beso, cuando te tocó el hombro y vos te hiciste la boluda, cuando te miró fijo a los ojos y corriste la vista, y sonrieron.
Si esto es una relación, estos problemas y estos desencuentros, yo creo que creo que no quiero tener una, porque no hace que la vida esté más llena de gozo ni de alegría, ni me hace sentir más acompañada ni más plena, ni más linda ni mejor persona. Me quedaría eternamente en la melancolía de la ilusión de lo que nunca fue, de lo que podría haber sucedido y no sucedió, como llegar a una fiesta buenísima sin que te hayan invitado e irte antes de que termine, antes de ver a los borrachos vomitados en el piso y las minas con todo el maquillaje corrido. El tuyo tampoco. Porque todo está maquillado, vos también, yo también, todos nos maquillamos y más temprano que tarde la verdad se deja ver más fuertemente que nunca solamente porque antes no la veías. El tipo es un desconsiderado, la mina es una incha pelotas, el flaco es re histérico, ella es re manipuladora, en realidad no es como dijo que era, en realidad, compraste una ilusión que te vendiste vos solo porque la necesitabas, porque la ilusión de algo perfecto existe, late, está ahí, la necesitamos para poder seguir buscando ALGO. Esto quizás sea eso, éste quizás sea ESE, la mujer que me entienda y me deje ser libre y no me reclame nada y no sea celosa, el flaco que me entienda cuando me siento insegura, que sepa lo qué decir y cuándo y antes de coger me llene de besos y caricias. Qué sé yo, lo que vos quieras, quizás no lo que necesitás.
Pero todo está en orden. Todo sucede cuando debe y porque así tiene que ser, o eso dicen los sabios de la espiritualidad.
Me siento incapaz, de todas maneras, de vivir algo bien, de forma completa. Veo mi vida como una película, desde afuera, y veo una increíble incapacidad para hacer nada bien, en cuanto a las relaciones humanas se refiere, ¿no?, algunas cosas bien hago. Me siento más cómoda recordando una relación trunca que viviendo una. Estoy oficialmente peleada con la realidad y enamorada de la fantasía.
“Lo que vos querés no existe”. Bueno, debería poder inventarlo.
En última instancia, lo que más necesitamos es confundirnos en un abrazo, y sentirnos en casa.
1 comentario:
pero por dentro pensamos, indefectiblemente: “pero qué pelotudo…”. me encanto esa frase!
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