viernes, 23 de mayo de 2008

LaS eTaPaS dE La SePaRaCióN

El HoMbrE qUe DeJé

Durante toda la adolescencia sufrí por tener tendencias a elegir mal a los hombres. No sé si esto será típico en las madres solteras jóvenes, pero intuyo que sí. Lo increíble es que cuando elegí al “que-te-dije” puse mucho énfasis en elegir bien. Había otro hombre dando vueltas, un hombre romántico, escritor, vivía solo, programaba computadoras, estaba dispuesto a comprometerse, no tenía adicciones y le gustaba muchísimo el arte, la lectura. Teníamos infinitas cosas en común. Era casi perfecto. No me pregunten porqué, pero me pareció que era todo muy irreal, castillitos sobre nubes, y finalmente, me quedé con el que-te-dije. A pesar de que todo mi ser quería el primero, toda mi intuición me inclinaba hacia el escritor… me quedé con el que te dije. Me pareció que tenía los pies más sobre la tierra.
Igual teníamos muchas cosas en común. Dijo ser baterista, - aunque hasta el día de hoy jamás lo escuché tocar -, dijo que escribía y leía mucho – durante un año y medio JAMÁS lo vi terminar un libro o leí algo suyo que valiera la pena leer -, dijo que armaba recitales, festivales y que tenía una revista… Digamos que exageraba un poco… Con el tiempo, me di cuenta de que siempre exageraba mucho. Lo único cierto es que sí, era cocinero, con título y todo, y era de creerle. No sé si era tan buen cocinero (normalmente, se le iba la mano con las especias, sobre todo con el romero), pero con dos o tres cosas podía crear un plato delicioso digno de resto bar en recoleta. Lo que teníamos en común es que a los dos nos gustaba mucho salir, la cerveza, y, hasta que lo conocí totalmente y supe de su tendencia a exagerar, teníamos intereses similares (escritura, lectura, pintura, eventos culturales, cine, etc). Pero, al final, lo único que podíamos compartir era una cerveza – o las que fueran – un sábado a la noche.
El comienzo de nuestra relación no fue ideal… Él tenía novia, y la novia se me presentó y me encontré en una situación bastante extraña donde realmente no quería estar. Como resultado de ese encuentro salieron a relucir las mentiras de el que te dije y la muchacha (que era muy joven para él) lo dejó. Y él se enojó conmigo. (?) Terminó pidiéndome perdón y volvió a engatusarme.
No me malinterpreten, durante los primeros 6 meses todo fue fantástico. Él se enamoró de mí en poco tiempo, a mí me costó más, pero finalmente éramos dos personas a gusto con su pareja. Compartíamos nuestras actividades, nuestros problemas, hablábamos mucho y nos divertíamos sobre todo. Pero con la llegada del sexto mes…
Mi terapeuta me dice que lo mínimo que hay que estar con una persona para saber si es compatible con una, son 6 meses. Sabias palabras. Ahí, todo empezó a fallar. Lo recuerdo y me pregunto porqué el amor es tan fuerte, tan enceguesedor que no nos permite observar objetivamente a la persona que tenemos delante. Hice cosas que al pensar hoy, no volvería a hacer. Un viaje, una disculpa, tolerar algo intolerable… Pequeñeces, en definitiva, pequeñeces que hacen a toda una relación, que visto desde lejos le dan sentido al fracaso de la unión.
Hubo momento buenos y malos, me gustaría poder decir que hubo más buenos, o que los pocos que hubo fueron más intensos que los malos… Pero no puedo, estaría mintiendo. Pero de cualquier forma, los hubo, y el acostumbramiento, conocer el cuerpo del otro, sus mañas, esas cosas que nos gustan… Esas cosas son las que, después de la separación, provocan y alimentan la


PRIMERA ETAPA: TRISTEZA
Una de las cosas que seguramente muchas sentimos es el vacío en la cama, despertar y hacer desayuno para uno. Mi hijo tenía 5 meses cuando me separé, así que todavía me despertaba por las noches, y esos momentos de la noche son los peores… Quizás podemos tener un buen día, divertido, ocupado, pero a la noche todos los gatos son pardos. No sé qué es exactamente lo que pasa, pero se extraña. Se extraña el aliento, la luz del baño encendida, el abrazo cuando volvés a la cama después de dormir al nene, y ese mismo abrazo a la mañana. El sexo, si es que era bueno. Los besos. Y empezas a preguntarte si hiciste bien, si no deberías volver a considerarlo, que le podrías dar otra oportunidad… Pero, gracias al cielo, después viene la

SEGUNDA ETAPA: REENCUENTRO
El reencuentro es con una misma. De alguna manera se empieza a disfrutar la independencia, las salidas con amigas o amigos sin estar pendientes del teléfono, sin tener que dar explicaciones (salvo, claro, a tu hijo). Ahora que no estás más acompañada, los hombres te miran de nuevo, pero la cosa no es que habían dejado de mirarte, es que a vos no te importaba, y ahora lo notás; entonces te arreglás hasta para ir a la vuelta a comprar huevos. Y también se desarrolla como una regresión a la soltería, una necesidad de salir, de romper corazones, de que los hombres te miren, te hablen, te lleven, te traigan. Quizás hasta nos ponemos demasiado obsesivas con eso. Quizás haya mujeres que no les pase, pero yo creo que a la mayoría nos sucede. Es una mezcla entre volver a tener 18 años y estupidez. ¿Y si algún tipo te da bola? Pobres de tus amigas que te tienen que soportar! No pensás en otra cosa, no parás de mirar el teléfono a ver si tenés mensajitos, si está prendido, si tenés señal porque seguro que te llama porque el sábado estabas divina, y aparte te miraba, y se reían, y te pareció que… Y no llama… Y termina el día, y no llama. Pobre de vos que te habías ido a depilar, te mancaste una pelvis completa porque hace mil que no tenés una alegría, te habías separado el vestuario en una percha para el día en que arreglaran encontrarse, hasta habían pensado en comprar medias de lycra y portaligas porque querés matar! Y no llama…
Así pasan un par de días, que para vos son una eternidad, hasta que un buen día te llega un mensajito. Como no querés quedar como desesperada tardás en contestar, o te hacés la desentendida, pero al final, arreglan y se ven. Y la pasan……………. Puntos suspensivos. El mejor sexo en muchísimo tiempo. Encima, seguro, segurísimo, que es o mucho más joven que vos o mucho más grande, y seguro que te metés en un balurdo porque es o compañero de laburo o el hermano de una amiga, o algo por estilo.
La pasan genial. Después de eso se mandan uno que otro mensajito, vos querés verlo, le decís, querés arreglar, estás más caliente que negra en baile, y él: NADA. Se hace el boludo, no puede, está ocupado… Es ahí donde tus amigas solteras y sin hijos te explican la ley de oro: “Si querés que te vuelva a llamar, nunca te acuestes con él en la primera noche”. Y aquí me gustaría hacer una salvedad, muchachas, porque yo no entiendo y en este sentido me siento incomprendida… Si yo salgo con un hombre que no me interesa para más nada que para tener sexo, por cualquier motivo, porque no tengo de qué hablar, porque es un boludo a cuerda, porque es de Rumania y no le entiendo, ¿POR QUÉ NO TENGO QUE TENER SEXO CON ÉL? Y si la pasamos bien, si fue genial tanto para él como para mí… ¿POR QUÉ NO SE PUEDE REPETIR SIN DAR TANTA VUELTA? El sexo es sexo, la comida es comida, viejo! Voy a volver a este tema tantas veces como sea necesario para llegar a convencerlas a ustedes, para que entiendan que querer acostarse con un tipo y hacerlo, NO ESTA MAL. Pensar que esta mal es MACHISMO. Así como no le lavaría a mano los calzoncillos a mi papá, no estoy dispuesta a soportar ese machismo al cual nos hemos vistas empujadas desde que no existimos siquiera. Me opongo ferozmente, llena de convicción. Como decía Moria, si querés llorar, llorá; bueno…”Si querés curtir, curtí”. Y los de afuera son de palo.
Pero, volviendo al tema… Él no llama, vos no volvés a comunicarte, y por algún misterio del cerebro y las hormonas, era importante que todo fuera diferente, entonces retrocedemos un paso y vamos a la TERCERA ETAPA.

Continuará…

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