Ayer tuve un día horrible. A veces sucede que nos convertimos en medusa, una cantidad de serpientes infernales nos hacen de cabellera y podríamos convertir a cualquiera en piedra con una palabra o una mirada. Nadie quiere estar cerca de una medusa de estas dimensiones, sobre todo porque las serpientes no son tales y el espectáculo se reduce a una mujer muy enojada o muy triste. Y cualquiera es el tarjet. Normalmente, el que más atención nos preste, o el que se vea más impelido por nuestra necesidad de ser escuchadas; pero puede suceder que esa persona no tenga ganas, o que las pierda en el trayecto. De cualquier forma, llovía como hace bastante no llueve y nadie iba a venir a escuchar cómo me quejaba desde algún punto de la capital federal, suponete. Yo misma no lo hubiera hecho. Pero, por suerte, tenemos amigos. Grandiosos, infaltables, sacrificados y serviciales amigos.
Volviendo a los motivos que hicieron de mi día, un día horrible…
De por sí, me caracterizo por ser una persona, a ratos, apocalíptica. Cuando la vida me cachetea, normalmente pongo mi mejor cara de idiota y sigo, me levanto, vuelvo a intentar, y sucesivas trompadas me vuelven a tirar, pero yo siempre trato de sonreír. Me creo una mujer, por lo general, optimista. Sin embargo, sucede con no mucha frecuencia - quizás una vez por mes- que un día me atrapan o bien la nostalgia, o bien el miedo. A sabiendas de que cualquiera de los dos sentimientos están justificados, pero son totalmente inútiles, le doy vueltas al pensamiento, estoy todo el día tratando de racionalizarlo y desglosarlo, quiero convertirlo en una pieza “abrible”, trato de encontrarle las grietas, busco dentro de mi cabeza la trampa. A estas alturas, con tantos años de análisis, no me resulta tan complicado. Sé perfectamente cuáles son mis límites, al menos en su mayoría, y aunque no me gustan, los reconozco – y, también, aunque los conozca, no sé de dónde vienen, ni de cuándo, ni cómo-. Conocer esos límites me da una ventaja sobre esos momentos de Apocalipsis, pero una ventaja no es una batalla ganada. Así que ayer tuve un día de mierda.
Las ideas fueron desencadenadas por diferentes situaciones que se convirtieron en ese pensamiento deforme por asociación libre, sin tener mucho que ver una con otra, y esto sucede. Después de haber tenido una noche de sexo frustrada, de que el nene tuviera un día pésimo y mi madre decidiera que es un buen momento para deprimirse, todo conjugó en un problema que, seguramente, no tenga nada que ver en absoluto con todas estas cosas, pero que, por algún motivo, fueron desencadenando el pensamiento. Un pensamiento recurrente, por lo menos en mí, y que me pinchó toda mi vida: La Soledad. Pero no cualquier soledad, porque no estoy SOLA, tengo a mis amigos y a mi familia, a mis compañeros de trabajo que me escuchan y me tienden una mano, a mi banda y sus integrantes que siempre me sacan una sonrisa, mis viejos, mi tía, mi hijo; tengo, por suerte, una cantidad descomunal de gente que me quiere.
Lo que no tengo es un amor. Y aquí no quiero decir que no tengo pareja, que no tengo novio. No. Quiero decir eso, que no tengo un amor. No estoy enamorada y no parece que me vaya a enamorar porque se ve que con todo esto ALLLGO maduré, y ahora soy la feliz portadora de un “detector de bullshit”. Ustedes querrán saber qué es este moderno artefacto. Por empezar, no es algo ni mental ni físico, es como la respiración, mecánico, sucede solo, yo no tengo que pensarlo para que suceda, es como cualquier otra función vital. Sabe lo que tiene que hacer y lo hace, y esto sería detectar fallas en los hombres- fallas que, dada mi situación, no me puedo dar el lujo de pasar por alto – y después de dos semanas, descartar toda posibilidad de enamoramiento.
Esto es súper ventajoso por un lado, porque eso que yo llamo “Mi Situación” es bien compleja y las madres jóvenes y solteras que lean esto van a comprender a lo que me refiero, pero voy a ser generosa y a explicar.
Digamos que teniendo 23 años, siendo una mujer joven, muy joven, a veces me cuesta entrar en el papel de madre, porque me sigo sintiendo una pendeja, porque crecer cuesta mucho y más de esta forma, cuando no tenés opción, cuando el reloj te juega en contra. Porque yo sé qué cosas tengo que hacer y cómo, sé cuales son estas nuevas responsabilidades que tomé al decidir tener este bebé, lo que sucede es que antes no lo sabía. Y como me dijo Naty hoy (que fue mamá hace una semana y tiene 20 años): “me quedó re grande”.
Es así, cuando nos embarcamos en semejante cosa no teníamos idea de lo que estábamos haciendo, jamás se nos ocurrió que ser madres era así, que nuestros tiempos y necesidades podían quedar tan rezagados, ser tan dependientes de una personita de sesenta centímetros que como no durmió de noche, duerme de día, que como se ensució hay que salir dos horas más tarde. Se pierde muchísimo la libertad. O por lo menos, se pospone. Pero el tiempo nadie nos lo devuelve. El desafío sería elegir ese tipo de libertad, pero, seamos sinceras, ¿a los veinte años? Yo quedé embarazada a los veintiuno, y realmente no era ni soy una adulta, y no sé cómo me las voy a arreglar para convertirme en una en poco tiempo. Trato de no pensarlo mucho para no desesperarme.
Pero, volviendo a la situación… Soy una mujer joven de veintitrés años, que a simple vista parece como cualquier otra minita de veintitrés años: divertida, que le gusta salir, que trabaja para bancarse sus cosas, etc. Hasta que dejo al descubierto una frasecita: “mi nene”. Y cuando digo “mi nene” hay toda una carga sentimental no muy fácil de llevar, porque me sucede que mi yo mamá y mi yo pendeja se están peleando todo el tiempo a ver quién va a dominar finalmente sobre mi cabeza, y el resultado es una especie de doble personalidad, en el buen sentido. Mamá no se aplica cuando no debe aplicarse, y pendeja no se usa cuando no es conveniente. Entonces, en esta dicotomía, se crea una barrera, se levanta una pared. Es NECESARIO. No es que digo que todo el mundo lo haga porque es lo que hay que ser, digo que para mí es lo mejor. No me puedo enamorar de cada tipo medio culto que tiene una gran biblioteca y discos de sobra, que escucha El Mató a Un Policía Motorizado o Massacre, que dice que lindas piernas tenés o me gusta pasar el tiempo con vos. NO. Desgraciadamente, o por suerte, ya no puedo caer en ese lugar común, ese estereotipo de hombre, o mejor dicho, chico, en el que siempre me fijé, durante toda la vida. Ahora, lo sé, lo siento, debería buscar otras cosas. Pero esa parte de mí que sigue gustando de ese molde parece no querer ceder. Por eso, mi lado inteligente, creó el detector de bullshit, que me protege de caer en la falacia de creer que por ser muy interesante, muy lindo, muy entretenido o muy lo que sea, ES un hombre PARA MÍ.
Y es un detector minucioso, ya que va hasta las frases, a los actos fallidos, a los deslices. No pasa por alto ningún nimio equívoco, ningún comentario un poquitín fuera de lugar, ningún singular demasiado marcado ni tampoco, ninguna metáfora desubicada. Para el detector de bullshit, cualquier cosa puede ser ESO de lo que me debo alejar. Y no creo que sea muy descabellado pensar que una frase dicha casi inconscientemente, sea la ventana abierta de par en par a una personalidad. Solamente hay que estar atenta y totalmente desprejuiciada, después de todo, cada uno es como puede y si a mí no me gusta, me tengo que hacer cargo y salir corriendo. Si no me voy, es por puro masoquismo o sadismo, en su defecto.
Si un comentario sobre un ex novia me hizo ruido: Detector de bullshit. Si un tipo dice hacer más de lo que es posible: Detector de bullshit. Una frase al pasar como “estoy enamorado de mi trabajo”: detector de bullshit. “Es que le cuesta entrar en confianza”: Uff… Detector de Bullshit!
Tengo un nuevo molde que quiero imponerme a la fuerza, un tipo de hombre que, sinceramente, no sé si existe. Pero mientras lo averiguo, voy a seguir sin enamorarme gracias a mi Detector de Bullshit, que viene conmigo, que no ocupa casi lugar en el armario y que no me cuesta ningún trabajo hacer funcionar – y si llamo ahora, me regalan un organizador de controles remoto.
1 comentario:
Un beso, tomá!
re Wallas
Nena, te acordás de mi no? Soy Ana, la novia de Leo.
Siempre me meto acá. Me gusta mucho lo q escribís, me parece super sincero y sentido.
Ojalá q todo ande bien y que puedas darle para adelante...!
Besote
Anitarock
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