No tener novio te da la posibilidad de ponerte a hacer cosas que no hacías cuando tenías novio, porque tenias novio.
Los novios son como un alquiler, como un trabajo, como un hijo, son una responsabilidad. Uno termina dejando de hacer cosas que quiere, y haciendo cosas que no quiere para no herir al otro, y para obtener el beneficio de su compañía, su sexualidad, su ayuda, etc.
Yo siempre andube con novio, siempre con una relación medianamente seria, y si no tengo una relación me gusta alguien, y si no me gusta alguien que conozco, me invento alguien: un flaco de una foto, un músico al que puedo ir a ver o perseguir (sí, perseguir), un compañero de laburo o un cliente que me de un motivo para ponerme el maquillaje que me compro - y que de a poco estoy dejando de usar -.
¿Y sabes qué? Me inché las bolas.
deje a mi novio porque no tenía fuerza, enegía ni tampoco muchas ganas de satisfacer las necesidades de otro, seguir constantemente satisfaciendo los deseos de los demás: de mi trabajo, de mi hijo, de mi madre, la casa... Parece poco, pero es una bocha.
Desde que dejé a mi novio, empecé a hacer cosas que quiero hacer hace mucho: dibujo, tatuaje, compost, plantar flores. Hago, además, cosas que mi novio se ponía mal si hacía: salgo con amigos, invito amigos a casa. Hago, también, lo típico de una mina sola: salgo con flacos, por lo menos para salir un rato.
La clave, sea, quizás, jugar a que no tenés vida cuando no estás en tu vida diaria. Hablar de ella como si no formaras parte de ella, como si fuera la vida de tu hermana. Y cuando volvés a tu casa estabas tan lejos de ella, que hasta la extrañaste, y capaz te dan ganas de limpiarla... o no, capaz te tomás un té.
No hay comentarios:
Publicar un comentario